No solo de pan

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En 1946 Franklin Hall escribió un libro que fue el detonador de una cruzada mundial de ayuno y oración que impacto las naciones y redundo en el surgimiento de ministerios de sanidad y evangelismo poderosos como Billy Graham, además del resurgimiento de Israel como nación.

En su libro, Franklin Hall nos da mucho entendimiento de una de las dinámicas del ayuno cuando lo abrazamos un estilo de vida.

Durante el ayuno nos damos cuenta de cómo sobrevaluamos la comida, es decir, le otorgamos un valor muy irreal por encima de su valor y objetivo verdadero.
La verdad es que nosotros comemos para vivir, pero hemos hecho de la comida un ídolo (Fil 3:19) que nos domina y terminamos “viviendo para comer”. Esta fue una de las características de la maldad que el hombre expresaba antes del diluvio;

“pues así como en los días antes del diluvio la gente comía y bebía, y se casaba y daba en casamiento…” Mt 24:38

Este “comía y bebía” implica algo compulsivo, algo que ocupaba sus vidas enteramente. Cuando la filosofía es vivir para comer, la comida se vuelve algo dañino y entra en el rubro de pecado como la glotonería. De esta manera la comida puede tener efectos tan dañinos en nuestra vida como el alcohol, cigarro o cualquier otra droga. La glotonería se encarga de taparnos los ojos y no dejarnos ver que:

“…No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Mt 4:4 (Dt 8:3)

y logra privarnos del suculento banquete que podemos obtener de la palabra de Dios, y de darnos cuenta que en verdad esta es fuente de energía y vigor físico y espiritual, y que nos provee un sustento y beneficio que el alimento físico es incapaz de proveer. La glotonería desenfoca nuestros ojos de Dios.
Jesús dijo en Mt 24 que los días finales serían como en los días de Noe;

“La venida del Hijo del Hombre será como en los días de Noé” Mt 24:37

Jesús se refería a que uno de los pecaos que dominaría al hombre sería el amor por la comida física con sus evidentes consecuencias.
Los tiempos de ayuno tienen el efecto de permitirnos comprobar las palabras de nuestro Señor y comprobar que tan buena es su palabra y de asombrarnos de que todo su consejo es completamente sabio y capaz de sustentar nuestras vidas, que su palabra es el recurso principal que determina nuestra existencia. El ayuno es para reservar nuestro cuerpo para el deleite de su palabra viva que nos mete en una relación con la hermosa palabra escrita; El Hijo de Dios. El ayuno apaga el hambre por perversión que nuestra carne tiene a causa de la herencia de Adán, no solo apaga el deseo incontrolado por la comida (que nos impide ver que el verdadero sustento es Su Palabra) sino que también apaga cualquier apetito por todo lo que estorba en nuestra relación con Dios.

Renato Corro

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