No es un Dios que espera sentado.

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En la parábola de los dos hijos, (Lucas 15:11-32) cuando el hijo pródigo regresa a su casa, el padre no espera sentado, sino que sale a recibirle. Lo mismo ocurre con el hijo mayor que enojado no quería entrar a la celebración, una vez más el padre sale a buscarle.

Esta imagen del padre que no espera sentado, sino que con rapidez sale en busca de sus hijos, es una parábola que refleja la actitud de nuestro padre celestial.

Dios está más que listo para salir al encuentro de sus hijos con perdón, aceptación y bendición.

Recuerdo también la historia que se encuentra en el libro del génesis (cap. 14) y que es mencionada por el autor de la epístola a los hebreos (cap. 7). Esta historia nos encontramos con un sacerdote llamado Melquisedec, que no espera sentado, sino que sale a recibir a Abraham con bendición. Abraham venía de una gran victoria y le entrega los diezmos a Melquisedec, de quien ha recibido bendiciones además de pan y vino, que representan comunión con Dios, porque Melquisedec era un tipo o sombra de las cosas que después se revelarían en Jesús.

Digo esto porque Jesús es el cumplimiento del antiguo testamento; es el centro de la revelación divina, él es la revelación del corazón de Dios y el único camino para llegar a Dios.

Yo te diría, ¿Sabes a quien ves cuando miras al padre del hijo pródigo? Estás viendo a Jesús que te dice “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”[1]. Él sale a nuestro encuentro con bendición y comunión.

Y ¿Sabes a quien debemos ver cuando leemos la historia de Melquisedec? También a Jesús. Porque dice la escritura “Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”[2]. El es el que sale a nuestro encuentro también con bendición y comunión

Lo más maravilloso de todo es que el hijo pródigo vino de una gran derrota y Abraham vino de una gran victoria, pero la recepción para ambos fue la misma; porque “Dios… no hace acepción de personas[3] y la Biblia dice “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”[4].

Jesús no va a esperar senado, él saldrá al encuentro de todo el que le busque y le recibirá sin importan como venga, de una gran derrota o de una gran victoria, sin importar que es lo que traigas en las manos, tus pecados y fracasos o tus victorias y tus diezmos.

Jesús saldrá con los brazos abiertos para recibirte, para bendecirte y para tener comunión contigo.

[1] Mateo 11:28

[2] Salmos 110:4

[3] Deuteronomio 10:17

[4] Juan 6:37